Ester Fabregat

Tarragona, 1977
Creació artística

'En trànsit líquid', metáfora del tiempo que vivimos

El 1993 Zygmunt Bauman, sociólogo y filósofo polaco, creó el término modernidad líquida. Este autor nos dice que, dentro de esta concepción, la vía del cambio es la única posible y necesaria, porque es la que nos permite poder enfrentarnos a las transformaciones que la persona tiene que vivir a lo largo de su vida. Un concepto que figuradamente le sirve para explicar la situación de los años que vivimos de inseguridad, de miedo y de incertidumbre.

Podemos decir que la obra del artista Ester Fabregat se inscribe dentro de estas coordenadas e ilustra muy bien el que plantea Zygmunt Bauman. Ya habíamos comentado otra vez que su obra se puede entender como una metáfora de nuestro presente, de nuestra existencia.

La exposición que motiva este escrito y que el artista ha bautizado con el nombre “En trànsit líquid” nos muestra una buena selección de su obra y de su trayectoria en el ámbito personal y artístico. A través de esta selección, podemos ver y apreciar la coherencia y el espíritu que caracterizan su trabajo. Un trabajo al cual podemos intentar acercarnos mediante tres conceptos: cambio, transformación y memoria.

El cambio forma parte de su vida. Desde que el 1995 dejó Valls por Barcelona, ha vivido en Francia, Brasil, Colombia, Grecia y Alemania. Este continuo ir de un país a otro, de compartir con culturas muy diferentes, de vivir muchas experiencias, ha nutrido su manera de pensar y de crear sus obras, que va produciendo siempre en consonancia con la situación que las genera, con el añadido de su bagaje personal.

Cambio y transformación son palabras sinónimas, pero con matices. Podríamos decir que el cambio es más sutil y la transformación más radical. La transformación asociada a la metamorfosis ha sido presente desde su niñez. Cómo muchos niños a su edad, tuvo gusanos de seda, hecho que dejó una impronta a su memoria y en su manera de entender el arte. Así lo hace constar la creadora con una pequeña escultura, una caja metálica con agujeros, que simula una caja de zapatos, como las que todavía usan los niños, para guardar sus gusanos, obra que se puede entender como el inicio del recorrido de la presente exposición. Un recorrido que no se presenta de manera lineal, sino con obras que el espectador va articulando a medida que va visitando la muestra.

 

Metamorfosis fue la idea, el concepto, que nutrió una de sus primeras acciones realizada a una playa de Barcelona. Aquí también ella empezó a usar el que denominó “la segunda piel” y que, con cambios y variaciones, se encuentra en diferentes momentos de su producción. Una piel que juega con la identidad sexual, porque la puede traer una mujer o un hombre. Obviamente, al tener una segunda piel se modifica la relación del individuo con el exterior. La piel es el elemento que recubre nuestro cuerpo y la que nos transmite las sensaciones; por lo tanto, una segunda piel lógicamente modifica nuestras percepciones y a la vegada puede crearnos una nueva identidad.

En esta acción del año 1998, la artista se presentó cubierta con un tipo de cápsula que lo rodeaba y de la cual ella salía, como la mariposa que emerge de su crisálide. Dos años después, estando de Erasmus a Grenoble, la artista se paseó por la ciudad con un tipo de cápsula, frágil y translúcida, Saco de Voyage, otra de sus performances, una escultura unida a su cuerpo, una prótesis que ella transportó de un lugar al otro. Nos podemos preguntar: quién hay dentro de este saco y de sus diversas obras, de sus formas frágiles y sutiles, de sus translúcidos envoltorios? El artista nos da la respuesta. En el interior, el vacío matérico, pero pleno del que es importante, del que se se lleva cuando se va lejos, de sus recuerdos, de su memoria, de las experiencias que hacen el hombre/mujer único e irrepetible. Es el que nos acompaña siempre, independientemente del lugar donde estamos o donde vamos. Este “vacío matérico” es similar al vacío de que nos hablaba Antoni Tàpies, es decir, un vacío lleno de conocimientos, tal como lo entiende el zen, doctrina en que el vacío significa todo.

Llegamos, por lo tanto, al tercer concepto a la memoria, un elemento fundamental en la formación de la identidad como persona y como cultura, tal como lo señalaba Miguel de Unamuno. Por lo tanto, la manera como recordamos nuestro pasado es el que da sentido a nuestro presente. La memoria es nuestro archivo particular y Ester Fabregat trabaja con el suyo, un archivo, un “saco” que se va tirando cada vez más grande y más complejo, que es el que nutre su arte. Un arte que ella entiende “como una manera de vivir, es una lucha constante, porque no es nada fácil. Es un camino en solitario de largas inmersiones creativas. Lo que hago me sirve para entender el mundo y para entenderme a mí misma”.

Dentro de esta inmersión creativa, y en relación con sus vivencias, a sus recorridos, a las diferencias y necesidades culturales, ha creado su lenguaje particular, una nueva manera de entender la escultura, en que, además, intervienen el viento y el agua. Esculturas transportables que necesitan estos elementos para tomar vida, para dotarlas de energía.

Trabaja con materiales reciclados, materiales ligeros que reutiliza, porque, igual que ella crea una nueva forma, también da un nuevo uso a los materiales. Obras que tienen un carácter muy artesanal. El trabajo manual lo estimula, porque durante la etapa de creación de las obras muchas veces se genera un nuevo proceso, una nueva historia al suyo cercando. Así nació su Homo shopping, el hombre de plástico, personificados por las figuras diminutas que vemos a las paredes del museo, representantes de una sociedad en que el consumo y la dependencia que se genera se han convertido en un objetivo principal del sistema de vida actual.

Ante estos homunclos hay sus nadadores, que se mueven con facilidad tanto al agua como el aire, figuras libres que saben que viven en un mundo donde el riesgo, la inseguridad y el miedo sueño amenazas continuas de esta libertad, como diría Zygmunt Bauman, con el cual hemos comenzado este texto.

Pero dentro de este mundo, a pesar de todo, la alegría y el optimismo siempre están presentes, a través de estos personajes que crean un ambiente casi mágico, a través del color, del movimiento, de sus acciones, llenas de joya y de entusiasmo, y, en particular, de la actitud del artista y su capacidad para estar en un continuo proceso de gestación de nuevas ideas y de nuevas formas.

 

Antonio Salcedo Miliani

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